La desmotivación es una de esas barreras que parecen imposibles de derrumbar. Por la razón que sea, una vez que esa manta nos envuelve, puede ser una absoluta pesadilla superarla. Puede venir de muchas maneras, desde no tener energía para terminar algo en lo que estamos a punto de terminar, hasta simplemente no estar lo suficientemente motivada para vestirnos y comenzar el día laboral. Afortunadamente, estar identificando la raíz que lo causa significa que ya estás un paso más cerca de encontrar la solución para salir.
Una razón para la desmotivación es simple, el cansancio. Física y mentalmente, podemos finalizar el día sintiéndonos agotadas, sin tener suficiente sueño (o una pobre cantidad de sueño) y levantarnos sin sentirnos nada frescas. Esta es más una desmotivación de tipo físico, y por ello, no importa la gimnasia mental o los métodos de afrontamiento que realices, no podrás quitártelo de encima. Por suerte, a menos que tengas una condición médica que te prive del sueño, la respuesta es fácil y clara. Evita la cafeína después de la tarde, ponte un horario para ir a dormir y apégate a él, y evita cualquier trabajo intenso en las horas anteriores a la hora de dormir. Estar sentada enfrente de una computadora con la pantalla llena de datos te bloqueará de un descanso mental.
La desmotivación también puede ser causada por el miedo al fracaso, tanto por una experiencia pasada o por una pérdida de confianza. Es un problema entendible. ¿Porqué ponerle tanto empeño si finalmente vas a perder la marca y a fallar? Hay una frase muy simple para recordar aquí: “el que no arriesga, no gana”. Si usamos continuamente el miedo al fracaso como una barrera, tampoco podremos nunca hacer nada. Muchos de los éxitos son el resultado de alguien dando un primer paso, así que debemos recordar que fallar es una posibilidad real, pero igual lo es un gran éxito. Y si es fruto de fracasos previos, úsalos como un trampolín para reimpulsarte, mejorar y adaptar tu enfoque pensando en el futuro.
Una pérdida de interés en el tema es otra causa común. Es algo muy habitual; todos podemos recordar cuando casi nos quedábamos dormidos en alguna clase de la que no teníamos idea. Pero desafortunadamente, el mundo está lleno de cosas con las que tenemos muy poco interés, pero tenemos que involucrarnos en ellas porque o bien pagan las cuentas, o son parte integral de nuestras vidas. El simple “paso a paso” para superar este tipo de desmotivación está en mirar y evaluar su impacto; si es mínimo y no tiene ningún impacto o propósito final, siéntete libre de desecharlo y no perder tiempo en él, porque solo está desgastando tu energía sin que tengas beneficio. Si tiene un impacto importante, recuerda lo que depende de que lo realices. Esto puede ser literalmente tu salario o alguien que dependa de ti para salir adelante. Utiliza esto para motivarte.
La distracción sólo puede desmotivar. Lo disfrazamos como motivación para hacer algo más, como jugar videojuegos o escuchar música, pero de hecho estamos procrastinando y dejando de lado una tarea menos atractiva. Si conoces cuáles son tus distracciones predilectas, elimínalas; ponle un tiempo límite a tu consola de juegos, o mejor aún, muévete a un nuevo ambiente donde te sea imposible caer en tus viejas trampas. Si eres una persona que trabaja en casa, por ejemplo, vale la pena que te dirijas a tu oficina o a un espacio de trabajo compartido donde no puedas distraerte tan facilmente.
Por último, ponte alerta de la fatiga; está es una causa mayor de desmotivación, y no se nota hasta que ya es demasiado tarde. Puedes haber gastado demasiado tiempo en alguna tarea en la que ahora estás desinteresada, o haber trabajado en ella sin que obtuvieras un final productivo. No temas en tomarte un tiempo fuera, o de preguntar a alguien más por una segunda opinión; si estás agotándote, comenzarás a extrañar maneras obvias o diferentes de hacer las cosas y caerás en un patrón de desmotivación.
